Un día relajante...

Hoy era un día de los que podrían haber sido muy melancólicos, tristes, aburridos... Pero cambió y se convertió en un día relajante, una velada perfecta para la típica pareja de enamorados. Pero sin pareja, claro está.

Esta mañana, yo mientras no saber que hacía sonó el timbre de mi casa, cuando algo rompe mi silencio, se convierte en un escándalo. Por los tonos que daba me imaginé que fuese un familiar (mi padrino, lo más seguro). Pues sí, fue él, qué quería, hasta entonces un misterio... pero era nada más y nada menos que ir por la playa a pasear. Acepté, por supuesto. Me vestí con lo primero que pillé (el día anterior, llevé la misma ropa y querido/a lector/a triunfé) y me disponía a bajar con una velocidad lenta, no era un día de motivación. Después de un corto y placentero viaje en coche, lleguemos a la playa. Nada más bajar del coche, tenía que saltar un bordillo grande y abajo arena de playa, es decir sí o sí la arenilla se me metería por los zapatos, pues no, era arena dura.
Después de ver el mar limpísimo, la arena como hacía líneas curvadas muy bonitas y las almejas bacías y sin perlas por el bordillo de la playa, me sentía una sensación de aún más placer, algo que en pocas palabras es imposible de describir, era lo más cercano a un poema de amor. Pasando por la playa, haciendo fotos y un sinfín de ruidos diferentes, silencioso escuchaba el alrededor. Allí, mis pensamientos cambiaron y a mi lado me apareció la misma diosa que me perturba la noche. Qué haría ahí conmigo, mirándome con esos brillantes y únicos ojos que a mi ver, son perlas; esos dientes blancos, dignos de cual diosa se enorgulleze de enseñarlos. Así podría escribir mil y unas descripciones acerca de tal persona, pero todo eso se desvanece cuando quieres ir más allá, y vuelves a la realidad y solo ves el sol y sus rayos que te deforma la visibilidad. Andemos algo más de media hora. Así que nos montemos al coche de nuevo y dejé atrás todos mis pensamientos que a mi corazón me dice.

Hoy, fue ese día, espero que lleguen muchos más de tal condición. Pero el próximo, nada de alusiones ni ilusiones, el próximo que sea como a éste le faltó, con esa mujer de ojos preciosos al lado, mirándome y cómo no, también amándome.
Despido este día como mejor puedo hacer, poniendo la mejor foto y escribiéndolo.

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